Un día junto a la Familia de Andy Cartagena

Geoes21.-Opinión.-familia.-Cartagena.-
Tomás Martínez Pagán.-16 de Marzo de 2026

El pasado lunes, el Ayuntamiento de Cartagena celebró un acto de reconocimiento a dos destacados empresarios del polígono industrial de Cabezo Beaza con la inauguración del parque Javier Gómez-Vizcaíno y del paseo José Ángel Díaz. El homenaje reunió a numerosos empresarios y representantes institucionales, que quisieron poner en valor la trayectoria y la dedicación de ambos durante su etapa como presidentes de este enclave empresarial.

Tras el acto institucional, los asistentes se trasladaron al Hotel Posadas, donde su director, Alejandro Paredes, ofreció un magnífico café-brunch acompañado de una degustación de asiáticos. El ambiente distendido permitió compartir impresiones y celebrar el reconocimiento en un entorno que muchos compararon con el servicio de un establecimiento de cinco estrellas gran lujo.

Durante el encuentro coincidí con el joven abogado y empresario cartagenero Casado Mena, quien conversaba junto a Rafael y Mario y compartía una reflexión muy personal sobre la ciudad:
«Soy cartagenero por convicción, por trabajo y por voluntad. Abrí mi despacho en este polígono, entre naves industriales que no descansan y camiones que comienzan su jornada antes de que amanezca. También me siento en deuda con mis padres, porque donde ellos multiplicaban, yo apenas consigo sostener.
Quiero a Cartagena con la obstinación de quien decide quedarse. Pero a veces observo una ciudad que no solo convive con su gente, sino también con cierta desidia. La industria continúa, el puerto mantiene su actividad y hay pulso económico, pero eso por sí solo no basta.
El Mar Menor sigue, Portmán representa una de las heridas más profundas de nuestro Mediterráneo; y las baterías de costa permanecen como centinelas oxidados de un orgullo que parece dormido.
Mientras muchos seguimos haciendo cuentas para permanecer aquí, el anfiteatro romano continúa oculto bajo tierra. Como si Cartagena también estuviera enterrada, no por falta de historia, sino por falta de carácter para reivindicarla. La ciudad ha aceptado demasiado tiempo su propia decadencia, sepultada bajo comparaciones y silencios.
Cada mañana, cuando levanto la persiana entre las naves y las madrugadas del polígono, me pregunto qué haría falta para despertar definitivamente a esta ciudad. Tal vez dejar de mirar siempre hacia fuera. Tal vez recordar, como enseñaba Spinoza, que todo persevera en su esencia.
Ser lo que somos sin pedir permiso: puerto, industria e historia. Cartagena no necesita parecerse a nadie. Solo necesita ser Cartagena. Como el anfiteatro bajo la tierra: aunque lo cubra el polvo, sigue siendo un anfiteatro. Y nosotros, si perseveramos, también lo seremos».

Tras mi estancia en el Hotel Posadas, viajé a Madrid en AVE desde Alicante para mantener una reunión con una multinacional del sector naval. Antes del encuentro, tuve tiempo para hacer una parada en la Taberna Rosell, en el barrio madrileño de Delicias, un lugar al que suelo acudir siempre que paso por la capital. Su cocina, amplia y variada, invita a disfrutar con calma de una carta prácticamente inagotable.

Como manda la costumbre, no faltó la tapa de callos a la madrileña acompañada de una tortilla de patatas bien cuajada y de generoso grosor, todo ello regado con un vermú de Reus. Mientras degustaba el aperitivo, tuve la agradable sorpresa de ver entrar a mi amigo Javier Cortines, periodista, escritor y traductor que durante más de tres décadas ha trabajado como corresponsal de la Agencia EFE en Japón, Corea del Sur y China.

Cortines también pasó una temporada en Cartagena, la trimilenaria ciudad donde lo conocí y donde escribió su libro Conversaciones en el Café Columbus. Durante nuestra charla me contó que recientemente había presentado en la embajada su última obra, Corazón de Dragón. Libro II: La Guerra, una novela que aborda temas como el conflicto, el amor y la amistad. La historia se sitúa en el contexto de la Guerra Imjin, cuando Japón invadió Corea, y en ella aparece la figura del capellán jesuita español Gregorio de Céspedes.

La conversación continuó con una segunda ronda en la mesa, esta vez acompañada por unas croquetas de bacalao. Antes de despedirnos, Cortines me prometió enviarme los dos volúmenes que conforman esta dilogía literaria.

Residente en Finestrat

Desde Madrid emprendimos viaje hacia la Trimilenaria con destino final en Benidorm. En el trayecto me acompañaba mi amigo Ángel García, junto al letrado Alberto de la Corte, un gran aficionado tanto al mundo del toro como al del caballo.

En su caso, esta afición tiene raíces familiares vinculadas a la tradición ganadera, algo que ha sabido integrar con su trayectoria profesional como jurista. De hecho, forma parte de la Asociación Nacional de Presidentes de Plazas de Toros de España y es un reconocido estudioso del derecho taurino. Su figura refleja bien cómo, en determinados ámbitos, la verdadera afición acaba convirtiéndose también en una sólida amistad y en vínculos que perduran en el tiempo.

Durante el viaje también nos acompañaba el empresario Juan José Belando, presidente de la Asociación de Criadores de Caballos de Razas Puras de la Región de Murcia, una persona profundamente vinculada al mundo ecuestre. Su conocimiento del caballo procede tanto de la afición como de la cría y del compromiso real con un sector al que ha dedicado gran parte de su trayectoria.

Nuestro destino era la localidad alicantina de Finestrat, situada a escasa distancia de Tierra Mítica y a los pies del imponente macizo del Puig Campana. Allí se encuentra la finca Villa Tamarit, donde nos recibió como anfitrión Andy Cartagena, figura indiscutible del rejoneo y uno de los grandes nombres del panorama internacional.

En esta finca todo transmite autenticidad. No hay artificios, sino trabajo, caballos, campo y verdad, algo que se percibe desde el primer momento. Las instalaciones cuentan con plaza de toros propia y completas dependencias ecuestres: cuadras, guadarnés, picadero cubierto, caminador de caballos y una pista cubierta de doma, lo que permite apreciar de cerca el nivel de preparación y el cuidado que Andy Cartagena dedica a sus animales.
Entre las cuadras aparece también el nombre de la Yeguada Carthago, el proyecto ganadero impulsado por Ángel García en la finca La Corraleta, situada en Los Dolores. Bajo la dirección técnica de Milagros Muñoz, esta yeguada ha ido construyendo una identidad propia y hoy es reconocida por la singularidad de sus capas diluidas y por una línea de caballos de gran expresión y calidad.

Tras una extraordinaria jornada en la que pudimos disfrutar de la lidia de Andy con una vaca y probar hasta once de sus caballos —entre ellos Cata y Carthago, procedentes de la yeguada cartagenera—, el rejoneador nos comentó que con su yegua Katrina ha cosechado importantes éxitos durante su reciente campaña de tres meses en México, país donde también cuenta con su propia yeguada. No es casual, por tanto, el vínculo especial entre la familia Cartagena y el desarrollo de Carthago, un proyecto que desde hace años camina muy unido al trabajo del rejoneador.

La jornada concluyó en la terraza central de la finca, donde se preparó una gran mesa imperial con la barbacoa a nuestras espaldas. Allí, Jorge Brotons, conocido como “Jorgito”, mozo de espadas de reconocido prestigio nacional, se encargó de la parrilla con la misma destreza con la que desempeña su oficio en los ruedos.

El tío del maestro, Paco Céspedes, una auténtica leyenda del mundo taurino, se encargó de preparar el aperitivo cortando con maestría caña de lomo, salchichón Sendra y una selección de quesos que, casi sin darnos cuenta, ya ocupaban su lugar en la mesa acompañados por un excelente Ribera del Duero de Pago de Carraovejas. Entre ellos destacaban quesos del Cerrato palentino elaborados con leche pura de oveja churra, a los que siguieron los quesos artesanos de la familia Lavega, procedentes de la localidad de Moslares.
La comida continuó con uno de los platos más representativos de la tradición gastronómica de Finestrat, la coca gira, una receta de mar y montaña que resultó especialmente sabrosa. Después llegaron unas magníficas costillas de cordero segureño, en su punto perfecto, junto a unas chuletas de ternera procedentes de la ganadería de Belando, bien selladas y terminadas con una cocción lenta que realzaba todo su sabor. Como acompañamiento, se sirvieron ensaladas frescas de tomate Kumato aliñadas con buen aceite de oliva y aceitunas.

El broche dulce lo puso el postre típico de Benidorm, la bollet de San Blai. Además, Andrea Céspedes, decano de la familia, sorprendió a todos con una tarta para celebrar el cumpleaños de la mujer del rejoneador. La celebración se completó con un brindis acompañado de Tequila Añejo Don Julio 70, recomendado por Enrique Céspedes, hermano y subalterno de Andy, con el que brindamos por los éxitos de la gran familia Cartagena.
Y para cerrar la jornada, quedó una reflexión que resume bien el espíritu del encuentro:
“De mi caballo aprendí que la fuerza se completa con la nobleza y la lealtad”.

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