La ‘Peque-Ruta’ y Víctor Beltrí

La ‘Peque-Ruta’ es una iniciativa de aprendizaje y servicio donde los niños se convierten en promotores de la alimentación saludable en su ciudad. El objetivo de esta ruta es que los niños y niñas se animen a probar alimentos saludables, tengan una experiencia agradable en familia o con amigos, descubran nuevos sabores y potencien la cultura gastronómica de la zona con productos de temporada similares a los que cultivan en los huertos de sus colegios. Esta iniciativa se ha consolidado como un proyecto de referencia en educación para la salud y el aprendizaje-servicio, siendo reconocido con un premio a la ‘Promoción de Hábitos Saludables y Prevención de la Obesidad’, fue finalista de la ‘Copa España Creativa’ 2022 y, además, distinguido con el premio ‘Astus Contigo’ 2025 por su compromiso con la inclusión. Asimismo, ha sido difundido a nivel nacional por la revista ‘Aula de Innovación Educativa’, de la Editorial Graó.
Más que una actividad puntual, la ‘Peque-Ruta’ es un proyecto que teje alianzas entre escuelas, instituciones, asociaciones, universidades, hostelería, proveedores y comercio local, convirtiendo a los niños en protagonistas de la transformación hacia una ciudad más saludable, justa y comprometida con su comunidad. Este gran proyecto del CEIP Atalaya anima a la infancia a descubrir alimentos saludables, disfrutando de experiencias gastronómicas en familia y valorando los productos de temporada. En esta quinta edición, el proyecto vuelve a demostrar su gran fortaleza comunitaria al reunir a 22 restaurantes participantes y una amplia red de colaboradores de todos los sectores de la sociedad. Entre ellos se encuentran las concejalías de Educación y Comercio, las universidades UCAM y UPCT, Ápices, Astus y hasta Mensa de la Paz.
Con un lema muy atractivo —‘Pequeños bocados, grandes historias’— participan, junto al centro educativo promotor, los colegios Virgen del Carmen, La Concepción, Carthago, San Isidoro y Santa Florentina, y también, los institutos Mediterráneo, Carlos III y San Isidoro. Y es que, en esta ruta, los restaurantes no ofrecen los típicos nuggets, pechugas o pasta, sino que los niños pueden degustar hasta 22 diferentes tipos de tapas como brochetas, donuts de arroz, makis ibéricos, mini smash de ternera, mini burger, rollitos de mar y montaña, chato con salsa, gyoza de garbanzos, totopos de maíz, tapita de caldero… Por cada tapa se consigue un sello y un regalo en estos locales de nuestra Trimilenaria: Chiyoko, Las Termas del Pincho, El Pellizco, Chamfer Centro, Ravi, Café Verde Esencia, Aperitivo del Pintor, Syrah, La Guindilla Taquería, La Bodeguilla, Mare Nostrum, Restaurante Leche, Gastrobar La Fábrica, La Piscina Café Bar, Solluna, La Abacería del Rey, Komo en Casa, Horus, La Piripi y Nuestra Tradición.
Todos los niños que participan asumen un papel protagonista en la creación de materiales como carteles, cuentos, canciones, cuñas publicitarias, fanzines y obsequios, convirtiéndose en autores y embajadores de un proyecto organizado extraordinariamente por el director del centro, Francisco Javier García, junto con las coordinadoras Rocío Quesada y María José Rey. La realidad es que el Colegio Atalaya cuenta con un equipo de profesores totalmente implicados con sus alumnos; también con la APA apoyando y participando en todos los campos. El resultado es una fusión alumnos-profesores para ‘tomar nota y aplicar’ sin necesidad de ir a West Point.
Y después de esta experiencia de éxito, tocó disfrutar de la Cartagena modernista y su legado de principios del siglo XX. Fue en un lugar distante al Colegio Atalaya, pero integrado en la Trimilenaria como es la diputación de Santa Ana. Durante este mes de abril y hasta mayo, nuestro Ayuntamiento ha preparado exposiciones, rutas guiadas, visitas teatralizadas, talleres, actividades educativas y espectáculos inspirados en la Cartagena de comienzos del siglo XX, acercando el patrimonio modernista y social que dio origen a este legado para toda la ciudadanía. Pues este período fue uno de los más transformadores de la historia de la ciudad portuaria y, con este proyecto, se acerca a los ciudadanos ayudando a mantener vivo el pulso cultural.
El modernismo en Cartagena no solo se contempla de forma abstracta: se toca y se vive en nuestras calles y en los muchos edificios por su valor ornamental y patrimonial. Como la experiencia vivida en la Torre Llagostera mediante una comida temática celebrada para conmemorar el 164 aniversario del nacimiento del ilustre arquitecto Víctor Beltrí. Fue en el Restaurante Casa Beltrí, ubicado en tan emblemático palacete situado en el Huerto de las Bolas en Santa Ana. El encuentro estuvo organizado por la catedrática María Trinidad Herrero bajo el nombre ‘Cerámica, hierro y piedra’ y a la que tuve el honor de ayudar como miembro de la Academia de Gastronomía de la Región de Murcia, fusionando historia y alta cocina.
El chef Miguel Hernández nos presentó un extraordinario menú que nos deleitó a todos los asistentes, pues su cocina es una declaración sin silencios contra la impostura. No hay fuegos artificiales ni discursos sobre el producto. Hay productos. Su cocina no pertenece a la narrativa del espectáculo, sino al territorio del respeto. Una forma de entender la cocina como un acto de conexión entre el campo y la mesa.
Una huella viva
Guillermo Cegarra Beltrí, bisnieto del arquitecto, aportó ese calor humano y conexión directa con el gran legado del homenajeado acompañado de otros miembros de la familia. Nos transportaron a la Cartagena de finales del siglo XIX, donde todavía queda la huella viva en cada azulejo y en cada forja de esta gran joya arquitectónica que es Casa Beltrí. Fue un viaje sensorial y cultural porque el patrimonio histórico no es algo estático que solo se mira, sino que se vive, se comparte y, también, se saborea. Prueba de ello es el menú que la catedrática Herrero planificó. No fue una comida cualquiera, sino un banquete diseñado para saborear el patrimonio y honrar la memoria del arquitecto.
Mientras María Trinidad explicaba con todo lujo de detalles cada plato, sus productos y elaboración, empezamos en los jardines con unos quesos curados de cabra de Tallante sobre tosta de pan con aceite, un cóctel ‘Kir Royale’ elaborado en directo y unas cazuelas de michirones cartageneros. Ya situados en las mesas de los impresionantes salones, el menú empezó con una mantequilla Chateau Llagostera. Continuamos con una delicia de pisto de bacalao con patatas de la huerta en texturas. El chef nos explicó el siguiente plato: lomo de corvina del Mediterráneo sobre espinacas salteadas del Cordón de Torre Pacheco y salsa Chateau Loire, un plato sublime. Terminamos con un surtido salado de ibérico con manzana y demi-glace. Los postres fueron nido de limón de nuestra huerta con merengue tostado y suspiros de España. Todo regado con vinos y cava de Alicante de la D. O. Jumilla. Les dejo con esta reflexión: «Muchas veces enfocamos la vida como un espectáculo de magia intentando descubrir el truco, pero olvidando lo más importante… disfrutar de ella».

LAS COSAS POR SU NOMBRE
Tomás Martínez Pagán
Fuente La verdad: https://www.laverdad.es/murcia/cartagena/pequeruta-victor-beltri-20260426081138-nt_amp.html
