Discursos políticos
Jerónimo Martínez

Es verdad que, a veces, conviene decirlo por aquello de los malpensados -que hay muchos- los responsables públicos caen en el discurso político fácil y supuestamente convincente empleado en la difícil tarea de convencer a sus respectivas parroquias ideológicas repartidas por el territorio concernido.
Bastantes, por no decir la mayoría, caen en la oratoria fácil, encaminados a convencer sobre su forma de transmisión a los ciudadanos y correligionarios acerca de la materia transmitida. Existen numerosos ejemplos cercanos que nos bombardean con mensajes insulsos, cargados sobre todo de ideología más que de solución a los problemas cotidianos que ahogan al ciudadano de a pié.
Deben pasarlo mal, nunca he preguntado, pero sí soy conocedor del mal momento que pasan los responsables de Comunicación o del staff personal cuando el usuario del micrófono va a protagonizar una intervención decisiva para contentar a sus encendidas huestes o convencer al bando enfrentado.
Entonces llega la desilusión, una vez conocida la forma y fondo de lo expresado. Ahí comienzan las caídas.
