Geoes21.-Opinión.-Ceuta.-General Argumosa.-Prensa Aeme.-Madrid, 18 de Agosto de 2026

Quince días después de la invasión migratoria de Ceuta, los pasados 30 y 31 de Julio, ante la prevista entrada, de nuevo, al territorio nacional, anunciada por todo tipo de medios ya sean nacionales e internacionales para el pasado sábado, día 15, las fuerzas de seguridad de Marruecos han impedido nuevos intentos de cruce de emigrantes, la mayoría de ellos subsaharianos y algunos marroquíes, mostrando que tienen la capacidad suficiente para ello cuando quieren sus autoridades.

Con esta actuación, Marruecos ha puesto de manifiesto, por un lado, su importante contribución en el control y dominio de la oleada migratoria hacia el territorio español y hacia la frontera europea -queriendo indicar que Rabat es el que realmente garantiza la defensa del territorio europeo -y, por otro, ha puesto en cuestión la incapacidad y falta de respuesta firme de España para defender su soberanía ante la entrada en su territorio de migrantes africanos. Es preciso rebatir este falso relato. La defensa de la frontera española y europea corresponde totalmente a España.

La pregunta que nos surge inmediatamente en este momento es cuál ha sido la razón por la que Marruecos no actuara así, a finales del pasado mes de Julio, y ahora haya cambiado de postura y haya decidido emplear a sus fuerzas de seguridad de manera eficaz y rotunda.

En mi opinión, hay dos importantes razones en la conducta del país magrebí en esta crisis fronteriza. Por una parte, poner en evidencia que Marruecos es capaz de invadir Ceuta, territorio nacional español, instrumentalizando el drama migratorio como arma geopolítica ante la lentitud y débil capacidad de reacción de nuestras autoridades, de una forma semejante a la empleada en la Marcha Verde para invadir y ocupar el Sahara Occidental español, en el año 1975.

La otra razón es la ejecución de una presión permanente a España, aprovechando los momentos más débiles del Gobierno, al mismo tiempo que su política exterior establece un relato hacia la comunidad internacional reivindicando nuestras posesiones africanas aduciendo que son enclaves coloniales integrantes del estado marroquí obviando que estos territorios pertenecen a España desde mucho tiempo antes del nacimiento del Reino de Marruecos. Dichas reclamaciones las manifiesta con cierta frecuencia y, especialmente, cuando nuestro país se encuentra débil y vulnerable.

Existe otro tema grave en la actual situación de seguridad en la ciudad. Se trata del control de los emigrantes que se encuentran en este momento en Ceuta. Según el Gobierno son 8.000 mientras que las autoridades ceutíes consideran que hay unos 9.000. Entre ellos se contabilizan cerca de 2.000 menores no acompañados.

Grupos de emigrantes deambulan sin control por diferentes barriadas de la ciudad provocando numerosos incidentes, incluidos robos y agresiones sexuales, que atemorizan a los ciudadanos, extendiendo una sensación de miedo a diversas zonas de Ceuta. Los ciudadanos reclaman respuestas inmediatas para protegerlos y proporcionarles la necesaria seguridad ante este tipo de desmanes. Y la responsabilidad de la seguridad de los ciudadanos corresponde directamente al Gobierno de la nación.

El territorio español, compuesto por el territorio peninsular, los territorios insulares de Canarias y Baleares junto con las islas, peñones y territorios del Norte de África, constituyen una entidad estratégica única, cuyo centro de gravedad es el territorio peninsular donde descansa la capacidad de proyección de los poderes del Estado a cualquier lugar del territorio nacional o internacional.

Cuando la soberanía y la integridad del territorio nacional es violada y la frontera es invadida, en este caso por una avalancha migratoria de algo más de 80.000 personas – según los últimos datos del Gobierno – que han entrado en la Comunidad Autónoma de Ceuta, lo lógico y razonable es que la respuesta sea a nivel estatal, que debe utilizar todos los poderes nacionales para normalizar la situación y recuperar la integridad territorial a la mayor brevedad.

Es decir, no se puede dejar al presidente de Ceuta solo, defendiendo la integridad territorial, que es una cuestión de Estado. Es una cuestión de Estado porque esta crisis no solo afecta y amenaza a Ceuta sino también a Melilla, a nuestras islas y peñones de soberanía en el Norte de África y parte de Canarias. Es decir, estamos asistiendo a una guerra híbrida que utiliza a la emigración como arma política para atentar contra nuestra soberanía e integridad territorial en el espectro de la “zona gris”.

La solución no solo consiste en que vayan desfilando por Ceuta diferentes ministros para ver en directo el caos y la situación de inseguridad existente en la ciudad, superada por falta de medios, y expresar su apoyo al presidente de la Comunidad Autónoma, aportando ayudas parciales y fraccionadas, sino que la respuesta debiera ser centralizada, planeada y conducida desde el Gobierno utilizando todas la administraciones ministeriales, perfectamente coordinadas e integradas.

Ante la cruel realidad de que la normalidad en la frontera con Marruecos, de nuestra soberanía y de la integridad territorial nacional, aún no está resuelta, la respuesta de España ante esta agresión de guerra híbrida debiera ser desde el Gobierno actuando en una gestión de crisis en el marco del Sistema Nacional de Seguridad de acuerdo con lo establecido en la Ley 36/2015 de Seguridad Nacional, con la declaración del presidente del Gobierno, a través de un real decreto, considerando a la crisis en Ceuta como una situación de interés para la Seguridad Nacional.

Con el establecimiento de la Estructura del Sistema de Seguridad Nacional, donde estén representados todos los poderes públicos y privados necesarios, y contando con el asesoramiento del Consejo de Seguridad Nacional, se nombraría a un Mando Único que coordine e integre la reacción nacional ante esta invasión del territorio español.

Está en juego nuestra credibilidad como Estado integrante del sistema interestatal internacional que tiene la responsabilidad de defender sus fronteras, su soberanía y su integridad territorial, sin ayuda de nadie, además de proporcionar seguridad a “todos” sus ciudadanos.

En virtud de lo expuesto, una de las formas de cerrar esta crisis con éxito sería que el presidente declare la crisis de Ceuta como situación de interés para la Seguridad Nacional. Con esta decisión, España toma la iniciativa apuntalando de inmediato la defensa de la frontera, de la soberanía y de la integridad territorial española y europea garantizando la seguridad de todos los ciudadanos en Ceuta. Se puede estudiar esta posibilidad ya que todavía hay tiempo. De esta manera, España envía un mensaje firme a Marruecos, a la UE y a la comunidad internacional.

Esta decisión debiera ser acompañada, a medio plazo, del establecimiento de una estrategia de anticipación, donde se incluya, entre otras cosas, el incremento adecuado de fuerzas militares y fuerzas de seguridad desplegadas en Ceuta, con el objeto de hacer frente a la amenaza del sur de forma sólida, eficiente y contundente.

 

Director de la Cátedra de Geopolítica y Estudios Estratégicos del EIIS

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