El Rockefeller de Juanjo Tortosa

Geoes21.-Opinión.-Las cosas por su nombre.-El Rockefeller Juanjo Tortosa.-Tomás Martínez Pagán.- Cartagena, Domingo 13 de Septiembre de 2026
LAS COSAS POR SU NOMBRE
El Rey de la Noche. Abrió singulares locales de los años 90 como Bermudas, Tragaluz, Rockefeller, Cervecería Principal y Discoteca Yesterday.
TOMÁS MARTÍNEZ PAGÁN
Celebramos como siempre la despedida del verano en la casa del ingeniero Máximo la Orden, en Cala Flores. Disfrutamos de un menú simple pero exquisito con el que nos sorprendió el chef Raúl, miembro de la Peña Gastronómica El Huevo Frito.
El huevo fue el protagonista y es que, como dice mi buen amigo el magistrado Andrés Sánchez, «hay platos que no necesitan presentación porque pertenecen a la memoria». Los huevos con morcillas, chorizo y patatas es uno de ellos. La diferencia está precisamente en lo sencillo. En la sartén, buen aceite de oliva en su temperatura justa, las patatas agrias de La Puebla cortadas al momento y unas morcillas y unos chorizos de la carnicería de La Aparecida. Los huevos de corral fritos con su puntilla crujiente y la yema dispuesta a romperse para mojar con pan de masa madre. Un plato humilde que se convierte en un acontecimiento. Un bocado que detiene el tiempo.
Continuamos con unas buenas anchoas de textura firme, aceite brillante, punto exacto de sal y ese sabor profundo del Cantábrico, acompañando unos tomates feos de Tudela, de aspecto irregular pero de gran calidad y un intenso sabor.
Terminamos con unos rascones o loritos de carne blanca y fina que se funden en el paladar. Un pescado que es un tesoro del Mediterráneo. Delgado, delicado y de carne extraordinaria. Frito en aceite de oliva y una buena harina que se adhiere y forma una costra fina y crujiente, sabrosísimos.
Lo acompañamos con un Albariño Gran Bazán Extra Brut de burbuja fina y persistente.
Llegado el mundo del hielo, se incorporó Juanjo Tortosa para pinchar buena música como extraordinario DJ que es. Nos comentaba que vivimos en un mundo al revés, donde el bueno va al psicólogo para aprender a soportar lo que el malo hace; donde la sinceridad es llamada grosería y la mentira, una forma de agradar, y donde quien ayuda es usado, quien ama es ignorado y quien se preocupa es descartado.
Juanjo Tortosa es un cartagenero de 1952 y tiene un lema que aplica a rajatabla:
«No dejes que, entre el pasado y el futuro, se te escape el presente».
Conocido como «El Rey de la Noche de los años 90», comenzó a trabajar a los 10 años en La Valenciana —la heladería de su padre— a la vez que estudiaba. A los 18, se rebeló y se marchó a Londres para dominar el inglés.
Cuando regresó se hizo empresario de hostelería y montó singulares locales de la noche como Bermudas, Tragaluz, Rockefeller, Cervecería Principal y Discoteca Yesterday. Realizó ‘charters’ en barcos de vela a Ibiza.
Creó una inmobiliaria en La Manga, zona que domina plenamente. Le gusta navegar con amigos o en soledad, sintiendo el aliento del mar y el sonido armónico de las olas. También las motos, la aventura, lo no planeado y salir de vez en cuando del camino marcado por la sociedad.
Pinta de lujo cuando está en racha. Le encanta pinchar música, pero «no ponerla, sino transmitirla» y, la verdad, es que lo sigue consiguiendo.
En los fogones, es tan bueno elaborando cocina de mercado como pinchando discos.
Degustando unos gin-tonics recordamos aquellos años 80 y 90, cuando la Trimilenaria respiraba un aire de ganas de vivir. La Cuesta de la Baronesa, la calle Bodegones —la «Calle del Ritmo»—, la Plaza San Agustín, la Plaza del Rey y la calle Cuatro Santos conformaban una ruta mágica donde cada rincón ofrecía una experiencia única.
Caminando por aquellas calles, el eco de la música y las charlas creaban una banda sonora que aún retumba en los corazones de quienes la vivieron. Fue un tiempo en el que Cartagena tenía alma bohemia y nocturna y donde Juanjo se movía «como pez en el agua».
Su Tragaluz era un refugio para almas inquietas y soñadoras por su ambiente íntimo y luces cálidas. La atmósfera invitaba a quedarse hasta el amanecer entre canciones de Mecano, Héroes del Silencio, Los Secretos, Hombres G o El Último de la Fila.
Las cinco direcciones
Juanjo mantiene su intuición como el primer día. Nos indicó que en la vida uno tiene que ver en cinco direcciones:
«Adelante, para saber a dónde se va; atrás, para no olvidar de dónde se viene; abajo, para fijarse si no se está pisando a alguien en el camino; a los costados, para ver quién te apoya en el camino; y arriba, para tener presente que siempre hay alguien que nos cuida y nos protege».
Recordamos todos que, en aquella época, no había hora de cierre y los camareros conocían a los clientes por sus nombres en locales como Agua Bar, Equilibrio, La Calle, Mezclas, Disco Clan, U.E. Equilibrio…
Las calles estaban tan llenas de gente que costaba trabajo caminar. El ambiente en nuestra ciudad era de lo mejor de la Región.
El «Rey de la Noche» recuerda su discobar Rockefeller, en la «Calle del Ritmo», donde había varios ambientes para tomarse una copa o poder bailar.
Acabamos degustando unos buenos churros en Cabo de Palos con el número uno, el gran maestro chocolatero Ángel Urán. Estaba susurrando la canción que le ha dedicado la cartagenera Marisol García Pérez. Ella es compositora y productora. No canta, compone historias.
Dicha melodía versa así:
«Ay, qué olor, ya huele a chocolate desde Cartagena, los churros de Ángel.
Si quieres un desayuno que te alegre el corazón, vente donde está Ángel, que aquí empieza la función.
Churros calentitos y chocolate pa’ mojar. Cuando pruebas uno de Ángel ya no quieres otro lugar.
De Cartagena hasta el mar, hay un secreto que contar. Si quieres churros de verdad, a Ángel tienes que buscar.
Churros de Ángel, Ángel, Ángel, con chocolate pa’ mojar.
Uno que pruebas, otro que quieres y otro que vuelves a encargar.
Churros de Ángel, Ángel, Ángel, qué cosa más buena, mamá.
En Cartagena o Cabo de Palos, Ángel te va a conquistar.
En Reina Victoria Eugenia, treinta y uno encontrarás. Y si te vas pa’ Cabo de Palos, en Padre Dimas estará.
Maestro chocolatero, con cariño y tradición, Ángel prepara los churros con auténtica pasión.
¡Ole, ole los churros, ole ese chocolate! Si empiezas con uno, terminas con seis.
Que venga la familia, que vengan los colegas. Porque cuando Ángel fríe, hasta el hambre se despierta.
Churros de Ángel, Ángel, Ángel, con chocolate pa’ mojar.
Cartagena y Cabo de Palos, dos sitios para disfrutar.
Churros de Ángel, Ángel, Ángel, esto sí que es desayunar.
Churrería y chocolatería, Ángel Urán. Maestro chocolatero, ven y déjate llevar. Ángel, échame otro churro y…».
El artículo concluye con esta reflexión:
«El hombre que trabaja con sus manos es un obrero; el que trabaja con sus manos y su cerebro es un artesano; pero el que trabaja con sus manos, su cerebro y su corazón es un artista».
En los años 80 y 90, no había hora de cierre, los camareros conocían a los clientes por sus nombres y las calles estaban tan llenas que costaba trabajo caminar.

De izquierda a derecha, Juanjo Tortosa, DJ; Alfonso Torres, propietario del complejo Trips; y Ángel Urán, maestro chocolatero; con el símbolo de Trips en sus 40 años de actividad en Cabo de Palos.
