Las bellas artes y el flamenco

GEOES21,

Tomás Martínez Pagan – Las Cosas por su nombre – Periodico de la Verdad 

Murcia, 26-mayo de 2024

Algún día me gustaría ver a La Unión unida con la Trimilenaria por medio de una gran avenida. Sería por el mismo trayecto de la antigua carretera nacional que unía Cartagena con La Unión, comenzando desde la Plaza de Bastarreche y finalizando en la Plaza de Joaquín Costa, corazón de la ciudad minera y cantaora. El recorrido pasaría por pequeños pueblos desde Media Legua, Vista Alegre, El Abrevadero, La Parreta, Alumbres, Los Partidarios y La Esperanza, hasta entrar en su calle Mayor.

Pues bien, hice el recorrido que les cuento para asistir a la primera edición del proyecto ‘Las Minas Business’, donde se dieron cita más de cien empresas de todos los sectores y de la comarca. Fue un éxito para un evento que acaba de nacer para fortalecer a la Fundación Cante de Las Minas, sentando precedente y con la finalidad de que se continúe celebrando en los próximos años.

El alcalde y presidente de la Fundación del Cante de las Minas, Joaquín Zapata, pretende, con esta iniciativa, que el festival también vaya de la mano del sector empresarial y económico de la Región de Murcia y, por supuesto, de la comarca de Cartagena, con el objetivo de que tanto el festival, como las empresas, crezcan juntas.

Vídeos testimoniales

Durante la ceremonia se proyectaron vídeos testimoniales de empresas que ya son patrocinadoras, como, por ejemplo, este diario, LA VERDAD, donde el jefe de cultura Manuel Madrid destacó el acierto de apoyar el proyecto del Festival del Cante de las Minas porque, por fin, el flamenco ha sido reconocido Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Es un festival que nació en La Unión y que ha acabado siendo una de las marcas de referencia de la cultura española en el mundo. En síntesis, Joaquín Zapata trata de vincular de forma permanente la excelencia cultural que representa el festival y cada una de las empresas que acompañan el desarrollo y crecimiento del mismo. Al terminar el evento en el Museo Minero, Ramón, Chema, Álvaro y yo nos acercamos al restaurante La tienda de Solita, inaugurado recientemente en el Barrio de El Garbanzal y donde José María, jefe de comedor del local, nos recomendó para picotear una ensalada de la tienda, completísima y sabrosa.

Nos propuso y descorchó un vino de Casa Castillo, que estaba redondo. Continuamos con un canelón de Carrillera, para pasar a un foie casero con una confitura al cava. Unas tostas de pan caliente con un mousse de merluza también fueron un plato extraordinario.

En este local trabajan muy bien las carnes y el chato murciano. José María, que es un extraordinario cortador de jamón, nos preparó un plato de virutas con pan y tomate de ‘harte pa yá’. Nos sirvieron unas croquetas de boletus y jamón que pensábamos que era el final pero Paco, el chef de cocina, nos envió unos tacos de rape rebozado que estaban de ‘toma, pan y moja’. El punto dulce final fue una tarta de turrón con un vino Pedro Ximénez exquisito. Después, con unos gin tonics, continuamos hablando del festival y de mil cosas más.

Y coincidencias de la vida, días después me encontré con mi buen amigo, extraordinario empresario y gran enamorado del arte, Alfonso Hernández Espín, conocido también como ‘Alfonso el de Maquinasa’. Fue en uno de los muchos feudos que posee, en San Javier, y como tenía mucha gana de conocer su museo privado, pues aproveché para que me lo mostrara. La pintura murciana.

Él, encantado, me llevó y me contó que, cuando visitaba el Museo de Bellas Artes de Murcia, se daba cuenta de que no había una continuidad respecto a la pintura murciana, por lo que decidió hacer una colección de nuestra pintura regional. Es una colección que abarca toda la obra del siglo XIX y XX, a la vez que guarda una sección de pintura de siglos anteriores, otra de vanguardia con nombres como Tapies, Equipo Crónica, Antonio Saura, entre otros, y un buen número de cuadros de la escuela de Madrid. Alfonso, durante los últimos cincuenta años, ha coleccionado unas 1.000 obras de pintura y 200 esculturas estrictamente de nuestra Región.

En el año 2000 construyó su edificio en San Javier para la distribución de Opel y se reservó la primera planta, que tiene una extensión de 2.200 metros cuadrados. Es un espacio donde expone su espectacular colección. Su mayor felicidad de los últimos años se la ha proporcionado el mundo del vino y del arte.

Su relación con la Cofradía de la uva Monastrell, su finca en Jumilla, le ha hecho un entusiasta de los caldos jumillanos.  Y la amistad con los pintores y escultores le han hecho pasar ratos inolvidables y enriquecedores con Antonio Campillo, Ángel Hernández, Vicente Ruiz. Alfonso ha con seguido realizar el sueño de su vida: recoger un legado cultural creando una gran colección de arte. Alfonso confía en que sus hijos, Alfonso, presidente de la Fremm y David, empresario triunfador en China en los negocios del vino, continúen con esta labor, que deja inacabada para que ellos sepan cómo culminarla. Este grande de la Trimilenaria nació en Cartagena en 1942 en el seno de una familia de comerciantes. Sus abuelos eran uno tratante de aceites y el otro, agricultor y ganadero. Es un enamorado de su tierra. Sus primeros pasos los dio en el barrio de Los Dolores, un barrio alegre donde experimentó sus primeras inquietudes culturales, en el grupo de teatro de aficionados Borinquen, representando el papel de Don Hilarión con 10 años en ‘La Verbena de la Paloma’.

Asignaturas obligadas Alumno del colegio Maristas, tuvo de profesores a los hermanos Mauro, Amador y Epifanio que, junto a las asignaturas obligadas, le supieron inculcar valores éticos. En aquellas aulas, Alfonso encontró la amistad y el compañerismo de condiscípulos como Rafael Braquehais, Navarro-Valls y Rodríguez de Rivera. De Maristas pasó a la Facultad de Químicas de la Universidad de Murcia y a residir en el Colegio Mayor Ruiz de Alda, junto con otros tantos cartageneros.

Un hecho luctuoso para él fue la enfermedad de su padre, circunstancia que le cambió la vida. Abandonó su carrera y se incorporó al negocio familiar, la fábrica más antigua de cerámica de la Trimilenaria, labor que compatibiliza con la venta de maquinaria de construcción. Creó la compañía Maquinasa. Por aquel entonces llegó a España la Opel y le concedió la concesión en Cartagena, Lorca, Caravaca, Águilas y San Javier. A esa primera empresa llegaron hasta veinticinco compañías dedicadas a la automoción, promoción, desarrollo de polígonos industriales, exportación, vinos, publicidad e inversiones.

La patronal cartagenera COEC le reconoció su gran labor empresarial en 1.998 con su máximo galardón a la trayectoria empresarial. Alfonso es un cartagenero grande, delos que dejan huella y él, además, deja como legado un gran museo. El próximo 24 de mayo lo nombraran Académico de la Real Academia de Bellas Artes de Santa María de la Arrixaca de Murcia en un acto que se celebrará en el Ayuntamiento de San Javier, en el que intervendrá el Académico de Número Francisco Marín Hernández. Y termino con esta reflexión: «En la vida es importante tener un amigo que sea a la vez espejo y sombra. El espejo nunca miente y la sombra nunca se aleja».

Tan cierto como la vida misma.

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