Cincuenta años marcando el paso

Geoes21.-Opinión.-Cincuenta años.-La verdad.-Tomás Martínez Pagán, Cartagena, 4 de Julio de 2026
Reconocimiento. Luis Teba recibió las ‘Baquetas de Oro’ que equiparan el sonido del tambor al latido del corazón de la Semana Santa.
La jornada anterior al Día de la Región, celebrado en el imponente marco del Antiguo Mercado Público de nuestro municipio hermano de La Unión, fui a El Vinagrero de mi buen amigo Fernando. Un hombre que entiende que la modernidad en la cocina no consiste en disfrazar la tradición, sino en comprenderla manteniendo mucho respeto al producto con una cocina honesta, reconocible y con raciones «de las de siempre».
Coincidí en la barra con Alejo, amigo del sector de la construcción, disfrutando ambos de un Remuller acompañado de un picoteo exquisito. Me preguntó si conocía a Juan Fernández, a lo que le respondí:
—¿Te refieres a Juan, el compañero que tuvimos cuando estudiábamos en El Patronato y que trabajaba en FCC Industrial?
Él me dijo con gran energía:
—¡No hombre, no! Me refiero a Juan Fernández de Sotomayor, un cartagenero ilustre del siglo XVI.
Le transmití que no sabía a quién se refería, por lo que «me puso al día».
Juan Fernández fue un capitán y piloto que ocupa un lugar destacado entre los antiguos navegantes españoles del siglo XVI. Abrió rutas clave en el Pacífico, dio nombre a un archipiélago entero, descubrió las Islas Fernández, revolucionó la navegación entre Chile y Perú, pero su figura cayó en el olvido.
Incluso apuntan algunos historiadores que pudo llegar antes que nadie a tierras como Nueva Zelanda, aunque nunca se reconoció oficialmente. La isla que lleva su nombre inspiró el libro de Robinson Crusoe. Alejo me insistió:
«Hoy, en la trimilenaria ciudad que lo vio nacer, solamente una calle y una placa descriptiva recuerdan a uno de sus grandes navegantes».
Terminando con el exquisito sabor de la comida de los portapasos de la Piedad, le confirmé que sí y que allí nos veríamos.
Nos despedimos, si bien previamente me dijo que ahora que están de moda los brillantes, me explicara esta máxima:
«Un trozo de carbón se sentía inútil y sin valor, observaba cómo brillaban los diamantes y deseaba ser como ellos. Un día una roca le dijo: «Ellos también fueron carbón, solo que soportaron presión y tiempo». Moraleja: el sufrimiento produce perseverancia, la perseverancia entereza de carácter y la entereza de carácter, esperanza».
La verdad es que los componentes de la directiva de la Agrupación de Portapasos de la Santísima Virgen de la Piedad conforman un grupo de buenos amigos a los que me siento muy unido. Son hombres que no paran de organizar y desarrollar proyectos y actividades durante todo el año encaminadas a transmitir y mantener la devoción a la Santísima Virgen de la Piedad.
Lo vimos el pasado año con el extraordinario concierto Con Alma, que fue un rotundo éxito. Lo último de este equipo ha sido la réplica de la imagen que entregaron a la Fundación ONCE para que las personas con problemas visuales puedan tocar y percibir la magnífica talla de Capuz en la iglesia de Santa María.
Me encantó asistir a su comida anual de cierre del curso cofrade antes de las vacaciones, ya que viví momentos muy emotivos. Especial fue cuando la cantante Maribel Castillo interpretó la propuesta de Luis Teba para ponerle letra a esa magnífica marcha que es Promesa, compuesta por el gran músico cartagenero José Alberto Pina.
«En la noche de Lunes Santo, espera en su trono de plata, que lleguen a Santa María el fervor, sus caballeros portapasos y que le demuestran su amor, es Lunes de Pasión. El pueblo espera. Se hace lágrima el silencio mientras se respira devoción. Y nuestra ciudad reza, esta, tu oración».
Al mismo tiempo que la escuchábamos en la terraza del restaurante Malvasía de Playa Honda, tuvo lugar un emotivo reconocimiento que le hicieron a Luis Teba Martínez, al que conocemos todos los procesionistas porque desfila —o ha desfilado— en todas las cofradías cartageneras. Son 50 años tocando nuestros pasos procesionales y muchos actos relacionados con los mismos, como en el Concurso Nacional de Saetas, del que es su tambor oficial.
Luis es un hombre sencillo y discreto que quiere pasar desapercibido en sus intervenciones, que ama a la Trimilenaria y es devoto de la Virgen de la Piedad, a la que, por cierto, acompañó en su peregrinación a Torreciudad en representación de nuestra Patrona.
En esa peregrinación iba Salvi, una joven que luego sería su esposa. Luis es discípulo de su mentor Martín Jerez y, musicalmente, del maestro Ayala, pero convivió con recordados maestros del tambor como Esteban, Campos o Vives. Por cierto, sus hijos Luis y María han seguido sus pasos, pero con la trompeta y el clarinete.
Fidelidad cofrade
En el reconocimiento se le entregaron unas baquetas que denominaron Baquetas de Oro y que equiparan el sonido del tambor al latido del corazón.
En este caso el tambor es el latido de la Semana Santa. No hay mejor similitud porque Luis marca la circulación de los penitentes y nazarenos por las arterias de Cartagena, que son esas calles del casco histórico tan necesitadas de tratamientos que les devuelvan el esplendor del pasado.
Luis pasa sin hacer ruido y, sin embargo, hace mucho por nosotros, como darnos el latido de nuestros pasos. De alguna manera también es el homenaje a esos oficios silenciosos de nuestra Semana Santa. Luis representa la continuidad y fidelidad cofrade, es un referente técnico y artístico.
El tambor marca el ritmo, el orden y la cadencia del desfile, siendo lo esencial para que cronológicamente los tercios hagan cada una de sus acciones. Hay que darle las gracias a Luis por esos 50 años sin interrupción, pero deseando que sean muchos más.
Me sumo al reconocimiento que no es solo de los portapasos, sino de toda la Semana Santa cartagenera.
Y como todo buen homenaje, qué mejor manera de terminarlo que con una buena mesa de la mano de Pedro Montiel porque, en sus fogones, el producto se ennoblece sin maquillajes. Es, en definitiva, una navegación que ha hecho del fogón su timón, de La Malvasía su navío y de sus salones su buen servicio, su destino.
Demostrando cada día que el verdadero lujo no es lo espectacular, sino lo auténtico.
Nos deleitó con unos lomos de sardina ahumada con verduras. Pasamos a un champiñón con mostaza de Dijon. Unas exquisitas croquetas de corvina —que estaban deliciosas por lo sabrosas que resultaron—, un hojaldre con foie, mango y manzana.
El último entrante fue un puerro asado con mayonesa de alioli.
Todo regado con un sauvignon blanc Pino Doncel.
Terminamos con un excelente arroz de chato murciano, acompañado de un tinto de Los Cucos Cabernet Sauvignon de la tierra de Jumilla.
El postre consistió en torrija cartagenera acompañada de un reparo portapasos.
Les dejo con esta reflexión:
«No se debe confundir inteligencia con sabiduría: la inteligencia nos sirve para ganarnos la vida y la sabiduría para saber cómo vivir.»
Fuente: La verdad – Las cosas por su nombre
Tomás Martínez Pagán

En la terraza de Malvasía, los portapasos y acompañantes de la Piedad; en primera línea, sentados de izquierda a derecha: el guitarrista Faustino, la cantante Maribel Castillo, el presidente José Jesús Guillén, Luis Teba junto con su mujer Salvi Orozco y Pedro Montiel, después del festival de guitarra y cante como final de jornada.
